LA ESCALERA COMO ESPACIO HABITABLE: RECORRIDO, FORMA Y EXPERIENCIA
¿Y si una escalera fuera mucho más que subir y bajar?
Las escaleras históricamente no solo han sido un elemento funcional de circulación, sino es un dispositivo arquitectónico cargado de significado espacial, simbólico y experiencial.
Las escaleras activan una conciencia física del espacio. La arquitectura deja de ser estática y se convierte en una secuencia dinámica donde el cuerpo mide, recorre y percibe el espacio de otra manera. El recorrido por ellas también influye en la percepción del espacio, dirigen el recorrido y le dan pausas a la conexión entre los distintos niveles en un edificio o vivienda.

Los distintos formatos del ascenso y descenso también influyen en la percepción de la espacialidad, ya sea interior o exterior.
Las escaleras rectas, refuerzan ejes o jerarquías espaciales, es un recorrido directo sin detenciones, sin contemplación, hacia un destino más concreto.

Las escaleras en L o en formato U, inducen a la pausa. El cambio de orientación hace que se perciba el espacio por secuencias y con otro ritmo, menos funcional.
Las escaleras en formato caracol o helicoidal, generan una experiencia más continua, más sensorial y fluida de la percepción del espacio.

También las escaleras y sus áreas contiguas actúan muchas veces como un espacio intermedio entre niveles, donde pueden generar áreas de descanso, estar o pausa dentro de una espacialidad más amplia.
La escalera deja de ser sólo un elemento de conexión entre niveles, para convertirse en un espacio intermedio activo que organiza, transforma y produce una experiencia en el habitar.
VC



